El acto de presentación, que se desarrolló en el Salón Noble del Ayuntamiento de Uncastillo, estuvo precedido por la inauguración de una calle de esta localidad zaragozana en honor a Antonio Plano.
En su intervención, Javier Lambán señaló que «hay quienes se acercan a la historia y la ven de forma distinta», al tiempo que añadió que «podría parecernos una simple disputa de opinión pero pone en evidencia que España tiene una asignatura pendiente para consolidarnos como una democracia sana».
En su opinión, es «imprescindible» que «estemos en paz con las generaciones que nos antecedieron» para que «sobre este relato único seamos capaces de construir un futuro único». Este es «el patriotismo constitucional por el que yo apuesto», explicó Lambán.
Y a este «patriotismo constitucional» –en su opinión– contribuyen «de manera decisiva esfuerzos como este libro recuperando una parte importante de la historia de Uncastillo y a una de las personas más insignes que en el campo de la política ha dado el medio rural aragonés, Antonio Plano».
A la hora de hablar de Antonio Plano –indicó el presidente de la DPZ– hay que referirse también a él en «términos de simpatía y de afinidad política». Al respecto recordó que existe una generación de políticos de los años 30 «que es la mejor de España, con nombres como Manuel Azaña o Indalecio Prieto, entre otros» que tuvo representantes «de no menos envergadura en pueblos y en las Cinco Villas».
Javier Lambán incidió en que «somos herederos de gente que creían en el municipio y la República, eran internacionalistas y jamás nacionalistas, creían en el individuo», eran hombres y mujeres «que en su corazón llevaban la semilla de una España mejor».
Por ello, concluyó afirmando que libros como éste contribuyen a que «aquella guerra que, momentaneamente perdieron, la ganen en nuestros corazones y en la memoria colectiva del pueblo español».
Finalizó su intervención desenado que «su testimonio ilumine siempre nuestra vida y nuestro trabajo político o personal».
Por su parte el autor, Víctor Lucea comentó que este es un libro «de historia, no es un libro de memorias» y que además se trata de «una historia local», que trata de ser «digna», manejando herramientas conceptuales «para intentar comprender procesos sociales del pasado».
Asimismo, explicó que la República «para esta gente era una meta» y el 14 de abril de 1931 «para ellos, se tenía que terminar la miseria» y el libro «intenta plantear un rescate sincero de esta política, sin pensar más allá».
Sobre Antonio Plano resaltó el «respeto conseguido en el vecindario a través de su labor política y pública, su apego a la ley» y que su final «marcó muchísimo la vida local, extendió una mancha de sangre sobre muchas cosas».