Las sociedades de nuestro mundo no son inertes, van evolucionando o cambiando, y no siempre a mejor. Las corrientes sociales en el universo que vivimos están interrelacionadas; la aparición de cualquier fenómeno de masas es observada desde todos los puntos cardinales y llevados a la práctica en la búsqueda de modelos nuevos. Pero, en muchas ocasiones, esos modelos han chocado con el orden establecido o con los sistemas políticos y económicos dominantes. Esta es la complejidad de vivir en sociedad, las democracias no han encontrado la varita mágica que consiga que sus ciudadanos mantengan una actitud coherente y de respeto de derechos y deberes.
Desde que el hombre ocupa la tierra, en cada época las sociedades han actuado de manera variable y, ahora, nos toca a los que llevamos desde aproximadamente mediados del siglo XX y los inicios del XXI, vivir esas voluptuosidades. Movimientos sociales que representó la aparición de los Hippies, o el fenómeno social de The Beatles, también el importante movimiento reivindicativo que representó Mayo del 68, además de las intrigas de la “Guerra Fría”, provocó la ruptura generacional con la sociedad anterior, y que evolucionando por diversos caminos, ha llegado sin embargo a encrucijadas preocupantes y difíciles de resolver. Tal vez es el momento de iniciar otra nueva cruzada para emprender un modelo nuevo de sociedad, coincidiendo además con la crisis económica mundial, que debería ser el punto de inflexión para un enfoque distinto de lo que debe ser el individuo en los tiempos venideros.
Cada país debe poner su “granito de arena” en el enfoque del problema y el mejor camino a seguir, cada Estado debe buscar sus fórmulas. El cambio generacional que supuso los movimientos citados anteriormente, rompieron con la monotonía, el autoritarismo, la hipocresía; surgió una forma distinta de vivir, las vestimentas, el aspecto exterior de las personas. Las nuevas referencias se fueron extendiendo, fuerte impulso se les dio a valores como el amor, la paz, rechazo a las guerras y a las políticas de opresión. Pero el proceso de consolidación de este cambio fue lento, sin embargo, el contrapunto fue más rápido, la ambición se adaptó pronto al sistema y empezó a extender su manto sobre los nuevos ideales, el petróleo como el “oro negro” contribuyó al imperio de la riqueza, los gobiernos y las grandes empresas se posicionaron para desactivar el orden y la justicia que se pretendía establecer. Razón tiene la letra del conocido tango “el músculo duerme, la ambición trabaja”.
Una sociedad diversa y con nuevos valores, y la profundización del conocimiento como base para esa sociedad diferente, poco a poco se ha ido debilitando y el poder económico ha lastrado las virtudes y la coherencia, arrastrando al individuo hacia necesidades innecesarias, hacia la pertenencia de lo prescindible, es decir, hacia lo que conocemos muy bien como “sociedad de consumo”. El “consumismo” ha provocado desavenencias, dificultades de convivencia, prepotencia, violencia, y el individuo en medio de la obligación y de las dudas se aleja incluso del orden familiar y con ello, por añadidura, de la educación de su descendencia.
El poder económico sabe que una sociedad educada es difícil de dominar, es reivindicativa y libre. Pero la educación no sólo debe ser aprender a leer, escribir y las cuatro reglas, etc., esto es básico, pero también lo es el formar individuos para las relaciones sociales, conocer el espacio vital de cada persona, comprender que todos tenemos derechos y obligaciones, incluso los elementos no pensantes como los animales y las plantas tienen derechos, y sus deberes los cumplen dentro del medio ambiente.
Hay que reconducir la situación, no podemos dejar a nuestros niños y jóvenes que padezcan con una sociedad tan intransigente, egoísta, despótica, maltrecha, indiferente, irresponsable, cada vez más insensible, en fin, muchos adjetivos no deseados ahora ni nunca. Pero reconducirla desde la educación, otorgándoles la base sobre la que puedan edificar la futura sociedad, con otros conceptos, otras inquietudes, buscando panoramas más adecuados a lo que ellos necesiten conseguir, para no tener las cárceles con excedentes de población como ahora. La actitud descarada que predomina hoy en día, no es una virtud, pero la actitud tolerante, de valores, de derechos, de deberes es, casi con toda seguridad, la garantía de una relación social más leal y humana.
El análisis de los fundamentos de una sociedad diferente está en el colegio, pero la escuela como complemento de la función de los padres, los cuales deben mantener una simbiosis irrenunciable. La enseñanza en las aulas propone el aprendizaje del conocimiento, pero también, y sobretodo, el del comportamiento. Para comprender y razonar sobre los parámetros de actitud en la sociedad es para lo que tiene que existir, dentro de la enseñanza reglada, la educación cívica, da igual el nombre de la asignatura (de la Ciudadanía, del Comportamiento, etc.) pero la finalidad debe ser única, enseñar al niño y al joven a convivir dentro de unas reglas, que hoy por hoy se han perdido, con la premisa de que cada persona merece un respeto. A partir de aquí los jóvenes, que serán los dueños del futuro, deben opinar, debatir y reflexionar abiertamente, porque capacidad no les falta, sobre la convivencia y las relaciones en comunidad, ¿qué significa?, ¿qué efectos produce?, ¿por qué debemos tener derechos y deberes?, y muchos más interrogantes que únicamente bajo su criterio deben discutirlos para intentar cambiar el rumbo de la sociedad que ha llegado a los albores del siglo XXI. Dañar un árbol, arrancar el banco de un parque, romper una botella de cristal en la acera y otros vandalismos, quizás sean actitudes con motivación, tal vez sea una reflexión “a lo bestia”; este proceder lo deben analizar y encontrarle el sentido para enmendar la forma de protesta, si precisa pero que sean los mismos jóvenes en el desarrollo de sus aptitudes, los que saquen las conclusiones, seguro que serán más positivas que las impuestas por la fuerza.
Es preocupante que a la enseñanza del civismo se le quiera relacionar con el adoctrinamiento ideológico, que digan que romperá valores tradicionales y otros que imbuirán ideas capitalistas y alejadas de la lucha de clases. Nada de esto comporta esta enseñanza y, además de la opinión y el debate, surgen conceptos más racionales. Y si se piensa que los profesores pueden actuar con intencionalidad, creo que no tendrían éxito, no obstante, si se duda que implanten sistemas de grabación.
Si la asignatura Educación para la Ciudadanía imparte y comenta en la Educación Primaria conceptos sobre las relaciones interpersonales, la vida en comunidad o cómo vivir en sociedad, y en la Educación Secundaria los conceptos se amplían y se ofrece el debate sobre el respeto a la diversidad, los derechos, los deberes, ¿qué representa la democracia?, ¿qué significa ser ciudadano del mundo?, etc., serán puntos a debatir con abundancia de criterios y una riqueza de pensamientos que no seríamos capaces de predecir, porque los criterios no son de fe, son de raciocinio. Quizás problemas como: racismo, inmigración, violencia de género, drogadicción, o tal vez explotación, acoso laboral o sexual, falta de igualdad de oportunidades, etc., pueden tener una solución inteligente porque los ideales de los jóvenes aun no están contaminados.
Estos problemas sociales se pueden extrapolar a muchos otros lugares del mundo, en los que además se añaden: pobreza, hambre, catástrofes, guerras, éstas últimas provocadas muchas veces para beneficiarse de las materias primas de los territorios o conseguir una situación geográfica estratégica.
Nuestro mundo es muy complejo, las sociedades controlan con mucha dificultad el comportamiento de sus ciudadanos, pero estas actitudes incontroladas son peligrosas porque sirven de espejo para algunos jóvenes.
La Corporación Educativa Española tiene que incidir en los niños y jóvenes respecto a que discutan sobre el futuro que desean para la sociedad en que se van a mover. El ausentismo escolar, el fracaso o el abandono de los estudios no es conveniente si el porcentaje es elevado, porque de aquí surge el caldo de cultivo que lleva al hombre a buscar las metas por los caminos más tortuosos…..,”la ambición trabaja”.
Doy un sí rotundo a la Educación Cívica en las aulas porque será el procedimiento para que niños y jóvenes adquieran los conceptos necesarios para concebir una sociedad diferente, quizás más justa, honesta y responsable, en la que puedan convivir humanamente.
Armando Montero
Agrupación Socialista de Las Fuentes.