Yo, joven, estoy harto como muchos otros de estos tiempos de miseria, corrupción, privatización de lo básico para vivir, injusticias de todo tipo, etc. Todo esto hay que combatirlo, sin violencia, pero firmemente. No pueden seguir algunos tomándonos el pelo.
Lo cierto es que no toda la política está corrompida, ni todos los sindicalistas se dedican a robar, ni todos los empresarios chanchullean o explotan, pero viendo día tras día las noticias parece que es así. A esto hemos de sumarle el boom de las redes sociales, gracias a las cuales podemos enterarnos casi inmediatamente de cualquier noticia, con el peligro que conlleva la proliferación de ciertos populismos, en ocasiones nacidos en el seno de grupúsculos radicales de extrema derecha o izquierda (me da igual de qué lado sean extremos, al final son radicales y ninguno de los dos respeta las opiniones de los demás), como aquel de la cantidad de políticos que cobraban en España, nacido en una página de extrema derecha y que incluso periodistas como Pérez Reverte tomo como referencia, sin contrastarlo por lo que parece.
Estos tiempos son para hacer frente a este tipo de situaciones, los corruptos no van a volatilizarse por arte de magia, hay que echarlos, apartarlos, encarcelarlos, lo que haga falta, pero hay que hacer algo.
Como jóvenes no podemos dar la espalda a la política. Cuando la política desaparece aparecen los regímenes totalitarios, tenemos que estar ahí y, ya sea desde asociaciones o partidos políticos, la tenemos que cambiar.
No vale un “me da igual la política”, porque la política decide nuestro salario, nuestro derecho a la asistencia sanitaria, nuestras vacaciones… todo se decide mediante la política. Es la forma que se ha acordado para hacer que las personas que vivimos en una misma región podamos decidir cómo queremos que sean nuestras vidas. Para ello se eligen cada cuatro años a unos representantes que nos darán voz en el Parlamento, y no os voy a aburrir más. El funcionamiento podrá estar mejor o peor, pero solo con enfadarnos y comentarlo en el bar no lo vamos a cambiar.
Por último me gustaría advertir que no le debemos dar la espalda a ningún indeseable, ya sea político, empresario, sindicalista o policía, da igual, a estos hay que ponerles bien los ojos encima y trabajar para impedir que lo vuelvan a hacer. Hay muchas cosas que cambiar, y los jóvenes tenemos toda una vida por delante para cambiarlas, no se obliga a nadie, somos libres, pero si no te gusta lo que hay, lucha por arreglarlo.
Ángel G. Marqueta Alonso
Secretario de juventud de la Agrupación Local Las Fuentes