Muchas cosas queremos hacer y ese es un buen principio. No cabe duda que estamos en un momento crucial en la historia. Si Los desafíos son mayúsculos, y las dificultades parecen insalvables, la historia nos ha enseñado que hay muros inexpugnables que han caído, pero solo cuando de verdad alguien se ha decidido a derribarlos.
El panorama de nuestro país es complejo debido a la situación social que vivimos, con múltiples voluntades enfrentadas, con un poder que se muestra inoperante, unos partidos políticos que parece que ya no representan a la ciudadanía, unas tendencias nacionalistas que ocupan portadas, una distribución de la riqueza polarizada, un modelo empresarial empeñado en generar competitividad a base de reducir los costes laborales en vez de mejorar procesos y calidad…; lo que nos lleva a una disminución de derechos y servicios fundamentales y la progresiva aniquilación de la clase media. La crispación en su peor vertiente se combina con una resignación generalizada.
Aunque esta en nuestra mano cambiar eso.
La pregunta fundamental es ¿por donde empezamos?
Y la respuesta es que por nosotros mismos. Como individuos debemos empezar a plantearnos dónde queremos llegar. Nadie va a venir a ayudarnos, no existe un oráculo que nos muestre el camino. Hemos sido, los españoles, un pueblo con muchas virtudes pero sin ocasión de demostrarlas. Siempre ha habido un complejo de inferioridad con respecto al resto del mundo, un complejo que nos ha hecho creer que somos peor de lo que somos y que para avanzar debemos seguir los pasos que otros marquen. En nuestro imaginarlo colectivo hay muchos tópicos que nos creemos a pies juntillas y tenemos tendencia a hacer generales actitudes de unos pocos. Se nos ha convencido desde hace mucho tiempo que las cosas son como son, que no se puede hacer nada, que debemos quedarnos en nuestro día a día y no pensar en nada más. Como país no nos hemos planteado retos de futuro, no hemos decidido donde queremos llegar.
Yo tengo fe en nuestro país, en mis compatriotas. Veo talento, afán de superación, imaginación, inteligencia, tenacidad y espíritu. Como individuos hay muchos que lo demuestran cada día, pero como país…
Debemos asumir el reto de nuestro futuro. Y eso implica ser activos en nuestra vida diaria, estar informados, ser críticos tener esperanza en que podemos hacer bien las cosas. No se trata de una ruptura, pues acabar con todo solo significa tener que empezar otra vez de cero, se trata de evolucionar, de trasformarse, de aceptar que la estabilidad no es inmovilismo y que los cambios no son inestabilidad. Mientras estas en movimiento siempre existe la posibilidad de caer, pero eso te da la oportunidad de volver a levantarte. Si te quedas quieto lo único que consigues es un mismo horizonte que jamás alcanzas.
Hemos de poner en activo esa capacidad de tener sueños y metas y luchar para alcanzarlos. Hemos de combatir a quienes ven tener ideales es como estar fuera de la realidad, a los que se burlan de los que quieren hacer cosas con el cinismo de una aceptación sumisa de un mundo que es así, pero que es el que han construido solo para ellos. Abrir los ojos a una realidad que se difumina ante nosotros en donde las palabras pierden su significado y la manipulación sirve para enmascarar el triunfo de un modelo social excluyente.
Debemos ser el escalón que permita a los que nos siguen llegar más alto para poner el siguiente: Una sociedad mejor. Abandonar posturas y actitudes que nos inmovilizan y nos impiden avanzar juntos, esa tendencia a considerar enemigo a quien ve otra manera para lograr los mismo objetivos, o a ignorar a quien pelea por objetivos distintos a los propios.
Son muchos los destinos por los que merece la pena trabajar:
Una política medioambiental sostenible; un sistema energético limpio eficaz y de futuro; una economía estable y productiva que no deje a nadie sin futuro ni esperanza; un sistema fiscal progresivo, redistributivo y libre de fraude; una sociedad en donde todas las personas tengan las mismas oportunidades, educada, formada, critica, tolerante y activa; unos servicios sociales eficaces y de calidad que ayuden a quien más lo necesita, cuando lo necesita, cercanos y diversos; un sistema de pensiones de futuro sostenible; una sanidad para todos eficaz, eficiente, innovadora, en constante evolución y mejora, orientada y centrada en las personas; una educación publica de calidad y gratuita que forme ciudadanos y no súbditos, consumidores responsables, personas en todo el sentido de la palabra; un sistema de investigación, innovación y desarrollo que nos permita avanzar sin depender de otros, que aproveche nuestro talento, impulse nuestra economía, nuestra sociedad y mejore nuestra calidad de vida; un sistema político en el que todos estemos representados y todos podamos participar, trasparente, eficaz y que responda a las demandas de los ciudadanos ; un sistema de justicia ágil, rápido, justo e independiente; una estructura territorial integradora, solidaria, diversa y funcional; una cultura dinámica, rentable y accesible a todos; ciudades más dignas para vivir; un medio rural dinámico y con servicios modernos y cercanos; una política urbanística que proteja nuestros espacios naturales, mayor importancia de la cooperación al desarrollo en nuestra política exterior;… solo tenemos que mirar a nuestro alrededor y encontraremos nuestra lucha. Hemos de implicarnos en la vida diaria de nuestro entorno, dedicar tiempo a estos objetivos, participar en AMPAS, asociaciones, partidos políticos, ONG´S, votar, manifestarnos, actuar.
El tiempo nos alcanza y el futuro pronto será historia. Si desde ahora mismo no empezamos a trabajar, seremos lo que otros quieren que seamos, una sociedad de trabajadores sin especializar, borregos sumisos disponibles para sustentar el estilo de vida de unos pocos que creen que solo ellos tienen derechos.
De nosotros depende.
Pedro Manuel Sopeña Gómez