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La censura educativa

Por Miguel Lozano López, Secretario de de Educación, Universidad y FP de las JSA-Zaragoza

ESPACIO JSA-ZARAGOZA
Por Miguel Lozano López, Secretario de de Educación, Universidad y FP de las JSA-Zaragoza

“Educación es saber decir por favor, dar los buenos días y buenas tardes, dar gracias y ofrecer disculpas si es necesario, pedir permiso al pasar entre dos, respetar a las personas mayores, saludar con una sonrisa y amar a las personas por lo que son y no por lo que tienen”. La educación sobrepasa los muros de un centro de enseñanza. No es algo que dejas atrás cuando te gradúas o cuando dejas el instituto, sino que te acompaña durante toda la vida. La palabra “educación” es tan amplia que caben dentro no sólo las matemáticas, la literatura o la filosofía, sino también el respeto, la tolerancia y la igualdad.

El 24 de enero es el Día Internacional de la Educación y un año más solemos mirar hacia los colegios e institutos obviando nuestro alrededor más cercano como si la cosa no fuera con todos nosotros. Ponemos el foco en aquellos profesores y profesoras y juzgamos si son o no buenos docentes. ¿Explica bien? ¿Se preocupa por sus alumnos? ¿Innova en sus lecciones? El buen profesor es aquel que igual te explica las fracciones o la sintaxis como te incide en valores cívicos de respeto.

Y es que en la vida real ¿cuántas veces al día, a la semana, al mes o al año hacemos uso del mínimo común múltiplo o el máximo común divisor? ¿Cuántas veces tenemos que identificar el complemento directo en una oración simple? ¿Cuántas nos es necesario saber el número atómico del litio o del argón? ¿Y cuántas saber situar Borneo en el mapa? Ahora bien, ¿cuántas veces nos encontramos con una persona LGTB? ¿Cuántas veces con casos de violencia de género o ejemplos de desigualdad respecto a las mujeres? ¿Y cuántas con casos de bullying o ciberbullying? Estos últimos casos son “temario” obligado a dar por los padres, pero sin duda también por los colegios e institutos a todos sus alumnos.

Hace unos días, informaban varios medios de comunicación acerca de que varios niños no fueron a una actividad sobre el reciclaje por deseo expreso de sus padres en Murcia. También se ha anunciado que se incluirá entre las charlas a vetar las referentes a las vacunas ¿Se tiene que quitar a Darwin del temario por contradecir las creencias de religiosas de algunas familias? Mi opinión es que no.

De la misma forma que no se puede elegir qué parte del temario de matemáticas o de historia quieres que den tus hijos o que den o no plástica, tampoco puedes elegir que desde el centro escolar les hablen de la igualdad hombre-mujer, es decir, sobre feminismo , o sobre la igualdad entre personas independientemente de su orientación sexual. Ese mal llamado “pin parental”, del que ya estamos empezando a hablar, contradice varios puntos de la Convención de los Derechos del Niño, especialmente el Artículo 3. De nada nos sirve explicar a un menor en plena época de cambio que existe el colectivo LGTB y que también puede pertenecer a él, ahorrándole así sufrimiento e incomprensión, si eso no se da de manera íntegra a todos los niños y niñas. De la misma forma ocurre con el bullying. No podemos poner un pin parental porque no existe un pin social, es decir, no podemos eliminar aquellos aspectos de la sociedad que no nos gusten.

En última instancia no estamos hablando del derecho a los padres a decidir la educación de sus hijos e hijas, que de contando que la seguirán teniendo, sino que estamos hablando de si dejamos que conductas homófobas o misóginas, que algunos padres aún tienen hoy en día, las puedan trasmitir a sus hijos impunemente y si el Estado debe actuar en aras de la convivencia de darse el caso.

Otra consecuencia nefasta de ese pin parental para unos, censura educativa para algunos, o pin neandertal para otros, es poner en tela de juicio a miles de servidores públicos como son nuestros profesores y profesoras. Todo ello dentro de una campaña sistemática de desacreditación y menosprecio de los servicios y trabajadores públicos de este país por parte de algunos sectores de nuestra sociedad. ¿Tendría sentido que si llevo a mis hijos a los escolapios, dominicos,… fuera a quejarme de que den religión? Y si, como es lógico, no me dan la razón, ¿tendría sentido decir que no me están dejando elegir la educación de mis hijos? Igualmente absurdo. Ya había elegido. Recordemos que el temario a impartir no es capricho del profesorado, sino fruto de un minucioso trabajo de profesionales y expertos del sector educativo.

No eduquemos a nuestros menores para que sean abogados como mamá o cirujanos como papá, sino eduquémosles para que sean felices, libres y sin temores a ser o por ser diferentes.