Un recorte presupuestario inasumible. La propuesta de la Comisión Europea presidida por la popular Ursula Von der Leyen y de los populares comisarios de Agricultura C.Hansen y de Presupuesto y Administración P.Serafin para la PAC 2028-2035 contempla una reducción de entre el 20 % y el 30 % del presupuesto total (de 386.000 a 300.000 millones de euros). Para
España, esto supondría una pérdida superior a los 10.000 millones de euros, con un impacto irreparable en la viabilidad económica de miles de explotaciones.
Una renacionalización que rompe la unidad de la PAC. La creación de un “megafondo” diluye los dos pilares tradicionales de la PAC, desvirtúa su estrategia común y abre la puerta a una fragmentación en la aplicación de las ayudas. Esto implica una pérdida de autonomía y genera desigualdad de trato entre agricultores de los distintos Estados miembros.
La eliminación del segundo pilar de Desarrollo Rural. Su desaparición supondría un golpe directo para las zonas más vulnerables de Aragón, al dejar sin respaldo proyectos de modernización de explotaciones, mejora de infraestructuras, incorporación de jóvenes y apoyo a las mujeres rurales. La fusión con las políticas de cohesión diluye objetivos y recursos, debilitando la competitividad de las explotaciones y la cohesión territorial.
Un ataque a la agricultura familiar. La reforma penaliza de manera especial a pequeños y medianos agricultores, que constituyen la mayoría en la provincia de Zaragoza. Los recortes de fondos y el endurecimiento de requisitos comprometen la continuidad generacional, dificultan la lucha contra la despoblación y ponen en riesgo el futuro del modelo de agricultura
profesional y familiar.
Un reparto de ayudas desigual e injusto. El actual sistema concentra la mayor parte de los recursos en un reducido número de grandes explotaciones. Solo 450 beneficiarios (el 0,05 % del total) reciben más de 150.000 euros en ayudas básicas, cuando la normativa permitiría limitar ese exceso. Reclamamos aplicar este tope para redistribuir los fondos en favor de
los pequeños y medianos agricultores que sostienen el territorio.
Una burocracia asfixiante. La propuesta incrementa la complejidad administrativa al plantear un sistema de ayudas completamente nuevo. Este exceso de trámites y controles amenaza con desviar tiempo y recursos de la actividad productiva, dificultando la gestión diaria de las explotaciones y desincentivando la incorporación de nuevos profesionales al sector.
Una transición ecológica justa y adaptada al territorio. Defendemos una agricultura sostenible y respetuosa con el medio ambiente, pero es necesario que las medidas verdes reconozcan la diversidad productiva de Aragón. Los eco-regímenes deben adaptarse a las condiciones mediterráneas, valorar la contribución de la ganadería extensiva al cuidado del monte y apoyar a quienes ya trabajan en clave de sostenibilidad. Solo así podremos avanzar hacia un modelo agrario verde con normas realistas y recursos adecuados.
La pérdida de competitividad del sector agrario. Los acuerdos comerciales internacionales, como los previstos con EE.UU. o Mercosur, suponen una seria amenaza para los productores aragoneses. Sin cláusulas de salvaguarda eficaces, cultivos estratégicos como el vino —con sus tres Denominaciones de Origen Protegidas— quedarían expuestos a una competencia desleal que agravaría la frágil rentabilidad de las explotaciones.
El riesgo de abandono del medio rural. La reducción de apoyos al sector primario supone condenar a nuestros pueblos a la despoblación y al declive económico. Sin un presupuesto específico que respalde a agricultores y ganaderos, se pone en peligro la seguridad alimentaria, el tejido agroalimentario y la supervivencia de los municipios rurales de Zaragoza.
Por todo ello, los representantes públicos de la ciudadanía exigimos a la Comisión Europea la necesidad de una revisión completa. No reclamamos ajustes superficiales, sino una reforma en profundidad. Exigimos una PAC justa, fuerte y adaptada a la realidad de la provincia de Zaragoza, que garantice el futuro de los agricultores, la cohesión territorial y la buena vida de nuestros pueblos.