La Monarquía: un nuevo reto para España.

La imputación de Dª Cristina de Borbón no significa que esta acabe condenada, simplemente confirma que es necesario, porque ha sido inevitable, que el trato para todos los españoles sea el mismo ante la Ley y la justicia.

 

 

Tal vez la dilatación de esta parte del proceso, de la que se ha quejado la Casa Real, haya sido propiciada, en parte, por la misma Casa Real, al intentar encauzar el normal desarrollo de la justicia hacia una visión más “cariñosa” con la Infanta. El propio Juez parece haber tenido consideraciones especiales por la naturaleza de la implicación de la Infanta y ha decidido tomar toda una serie de precauciones antes de la imputación. El propio Fiscal parece haber solicitado solidez en los argumentos, para que éstos no se diluyan con posterioridad en el desarrollo de la causa dejando en mal lugar a su propia persona. Toda una declaración de ésas mencionadas consideraciones con el fin de no verse manchada su carrera profesional o su imagen como profesionales (según indicaban algunos medios de comunicación).

Pero la población, que ya no responde al perfil de hace 50 años (perfil de mansedumbre y de creer que las élites, por el simple hecho de serlas, son inmaculadas, y virginales, y llenas de virtudes) y llena de información casi instantánea observa cómo se comportan los que se auto-proclaman elegidos para dirigir los designios de la Nación (y sus familias y allegados). Ya no vale hablar de errores de percepción o de fatalidades. Todo el mundo tiene asesores de imagen a los que hacen o no caso, y todo transciende a la sociedad común que, pese a los recortes en educación, se pude considerar a la sociedad española como el conjunto de generaciones mejor formada e instruida de la historia, por lo que la manipulación no será tan fácil en cuestiones donde los privilegios tienden a otorgar estatus especiales (de naturaleza económica y de seguridad personal ante la justicia) a los que no pueden acceder el resto de los mortales. La tendencia es la igualdad en todo y para todo. Y aunque no se manifieste como una imposición ni un requisito social – por la propia naturaleza mencionada de constituirse esta sociedad de las “mejores generaciones formadas e instruidas”. Pero ello no es obstáculo para que los errores que comete la Casa Real se paguen más a corto que a largo plazo. Y la Casa Real nos tiene acostumbrados, recientemente, a errores.

Mientras el Rey intenta, al parecer infructuosamente, sostener la Corona en su cabeza (porque parece que las circunstancias, y la fortuna, las tiene en contra y le resulta difícil modificarlas); el Príncipe parece tener prisa por acceder al trono antes que se descomponga más la imagen de la Monarquía y así dominar y encauzar la situación y la opinión pública; sin embargo tampoco todo está amansado en la Casa del Príncipe.

La transición de padre a hijo parece más necesaria que nunca, pero trae como consecuencia un cambio en la percepción de lo que es o debe de ser una pareja Real. Los tiempos también han cambiado para las Princesas (como cambiaron para las mujeres españolas) y ya Lady Di señaló que es posible el divorcio y el matrimonio “inconveniente” y que, a pesar de cómo se resolvió su situación personal, abrió un camino para el resto de las Princesas occidentales cuyo resultado final ya no puede ser el mismo que el de Lady Di. Tal vez podríamos llegar a tener un Príncipe o Rey separado o divorciado y con responsabilidades familiares (y si todo se tomara con la naturalidad que se les exige a la gente común nos encontraríamos con situaciones normales: elevar a normal lo que en la calle ya es normal) y evitaríamos la escalada de dramatismo innecesario que sólo da lugar a la inestabilidad de la propia Corona.

No existen hombres perfectos, como pretendían hacernos creer a la sociedad española en el pasado (ni tampoco mujeres perfectas), por ello existen las elecciones y se acabó en el pasado con las monarquías que gobernaban. Nuestra formula de Monarquía parlamentaria funcionará siempre que no se empeñen los monárquicos en tener una familia Real perfecta (algo que ya sabe toda la sociedad española que no existe, y lo sabe por experiencia propia).

La alternativa al fracaso de este reto es clara: La República, pero ello no será una panacea, aunque nos pueda alegrar el advenimiento de la misma; porque la imperfección forma parte de la naturaleza humana y siempre nos acompañará.

También es alentador que nadie, ni por la derecha ni por la izquierda, esté pensando en hacer de esta disyuntiva motivo de enfrentamiento – como en el pasado. Nadie parece dispuesto a jugarse la vida por una forma de gobierno, pero todos estamos atentos a las soluciones que se den (mejor dicho: a los errores que aboquen a la sociedad española a una forma de gobierno alternativa – alternativa en forma y manera, como lo es la República).

 

Miguel Ángel Ibáñez Gómez

Militante PSOE-Las Fuentes